jueves, 21 de marzo de 2013

Justa injusticia


"A menudo me piden que describa la experiencia de criar a un niño con una discapacidad, que intente ayudar a la gente que no han compartido esa experiencia única a imaginar cómo se sentirían. Es así...
        Cuando vas a tener un bebé es como planear unas vacaciones fabulosas en Italia. Compras un montón de guías y haces tus maravillosos planes. El Coliseo. El David de Miguel Ángel. Las góndolas de Venecia. Puede que aprendas algunas frases útiles en italiano. Es todo muy emocionante.
       Después de meses de ansiosa anticipación, finalmente llega el día. Preparas tus maletas y allá vas. Varias horas más tarde el avión aterriza. La azafata viene y dice: "Bienvenido a Holanda".
- ¿Holanda? - dices -. ¿Cómo que Holanda? Yo me embarqué para Italia. Se supone que estoy en Italia. Toda mi vida he soñado con ir a Italia. Pero ha habido un cambio en la ruta de vuelo. Han aterrizado en Holanda y aquí se debe quedar.
        Lo importante es que no te han llevado a ningún lugar horrible, asqueroso y sucio, lleno de pestilencia, hambruna y enfermedad. Simplemente es un sitio diferente.
        Así que tienes que salir y comprarte nuevas guías. Y tienes que aprender una lengua completamente nueva. Y conocerás a un grupo entero de gente que nunca habrías conocido.
Simplemente es un sitio diferente. Camina a un ritmo más lento que Italia, es aparentemente menos impresionante que Italia. Pero cuando, después de haber estado un rato allí, contienes el aliento y miras alrededor, empiezas a notar que en Holanda hay molinos de viento. Holanda tiene tulipanes. Holanda tiene incluso Rembrandts.
        Pero todo el mundo que conoces está muy ocupado yendo y viniendo de Italia y todos presumen muy alto de qué maravillosamente se lo han pasado en Italia. Y, durante el resto de tu vida, dirás "Sí, ahí era donde se suponía que yo iba. Eso es lo que había planeado."
Y ese dolor nunca, nunca, nunca, se irá, porque la pérdida de ese sueño es una pérdida muy importante.
        Pero si te pasas la vida quejándote del hecho de que nunca llegaste a Italia, puede que nunca tengas libertad para disfrutar de las cosas, muy especiales, maravillosas, de Holanda."
       Esta historia creada por la escritora anglosajona Emily Pearl Kingsley, además de ser brillante y emotiva, lleva consigo una moraleja que se puede aplicar a muchos aspectos de nuestros sentidos.
       A partir de nuestros gustos, tenemos ciertas preferencias, ciertos sueños, anhelos. De ellos nos basamos como combustible para levantarnos día a día. La ilusión de nuestros sueños cumplidos es un placebo demasiado satisfactorio.
       Sin embargo, a pesar de que nosotros tomamos las decisiones de nuestra vida, estas a veces no cumplen con nuestras añoranzas. Cuando queremos blanco el negro se impone y cuando queremos negro negociamos un gris que nos consuela a medias. ¿Es a eso a lo que nosotros llamamos injusticia? El hecho de que la vida no nos rebote lo que nuestro corazón y alma quiere no significa que estemos hablando de una situación injusta.
      Así como nuestra mente nos juega trucos, debemos basarnos siempre en un gran dicho: "la única verdad es la realidad". Esa debe ser nuestra base, nuestro piso. Debemos luchar por nuestros sueños en la realidad que combatimos todos los minutos que respiramos.
    Si seguimos comparando con la historia del comienzo, Holanda es nuestro punto de valoración. No sera lo que nosotros soñamos y deseamos, pero no quiere decir que nuestra vida sea un fracaso. Todo lo contrario, toma otra ruta, elige otra arista pero, a fin de cuentas, en el balance siempre vamos a tener una sonrisa.
   Porque, si pensamos detenidamente, cada vez que nos entristecemos o nos sensibilizamos negativamente pensando en momentos o gente infortunada, siempre esta esa persona que nos saca una sonrisa. ¿Por qué seguir deseando piezas que no encajan en nuestro rompecabezas y no valoramos las que nos hacén demasiado bien?
  Yo creo que lo que hay que evitar es la desesperación, nadie nace siendo una mente brillante, para todo existe su punto de maduración. Y a todos, más tarde que temprano, nos cae la ficha. Un dominó larguisimo pero que, una vez que desplazamos la primera ficha, una cae atrás de la otra.
  Reconozco que es fácil escribir esto, reconozco que es fácil decir y mandar a hacer, entiendo que es difícil poner todos los engranajes en marcha. Los miedos siempre abundan, las indecisiones aún más. Pero si no damos el primer paso, aunque sea sin firmeza y dubitativamente, nunca llegaremos a conocer el premio que hay al finalizar la carrera...

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