Mirar el pasado es a veces un buen punto de inflexión para
moldear nuestro presente y anhelar nuestro futuro. Vemos lo que
disfrutamos, lo que perdimos, lo que reímos y lo que lloramos; y
tratamos de no cometer esos "errores" para que nuestra vida no se
transforme en un deja vu monótono y conflictivo.
Tratamos
de ver todas esas fallas y planeamos un cambio. Siempre planeamos
cambiar para que las cosas que nos salieron mal no se repitan. Pero que
pasa cuando ese cambio implica ser algo que nosotros no somos, que nos
incomoda e implica una insatifacción a largo plazo.
A
la larga o a la corta, ese incomodo cambio nos pasa factura y
terminamos siendo esclavos de nuestras palabras y contradiciendonos con
desubicadas acciones. Pero las llamamos desubicadas porque no se apegan a
nuestro cambio, pero que sucede si es nuestro cambio el que es erróneo.
Esquivar
la realidad viviendo en una nube esponjosa de perfección no se si es el
mejor analgésico para atravesar una crisis. Pero tampoco se si
afrontándola como se debe es la mejor solución. Es un dilema del que
hasta el mejor de los sabios se debió plantear alguna vez.
A
veces deseamos tanto algo que nos frustamos y vemos nuestra vida un
fracaso si ese objetivo no lo cumplimos. Pero hay que tener cuidado de
que esa ceguera no nos permita percibir otras cosas.
Es fácil dar palabras de
aliento ante alguien que esta triste y siempre se le dice ese mismo
cliche: "disfruta la vida que es corta", pero ese click en la cabeza a
veces no llega.
Siempre trato de escribir cosas para
el que tenga el tiempo de leer estas absurdas palabras pueda
identificarse y que tenga una base en quien reflejarse. Pero llegado a
punto que son la una y media de la mañana del lunes, esto yo lo uso para
descargarme.
Amo escribir, y cada letra que aparece
en esta pantalla es una pequeña descarga de lo que llevo adentro, porque
no puedo gritar a esta hora de la noche y mi cuerpo pide desahogo.
Llego al punto de llenarme de cosas por dentro y mi cuerpo me pide sacar
estas cosas completamente tóxicas.
Hasta hace poco
deje de creer en el concepto del todo vuelve. Esa teoría (en este
momento para mi absurda) que predica que si haces cosas malas, cosas
malas vuelven a vos. Pero ¿saben que? veo a mi alrededor gente que haces
cosas malas y yo no veo ese boomerang de catástrofes de regreso sino
que el castigo no rige para ellos. Se burlan de las reglas y la vida les
devuelve sus gustos. Vaya ironía para aquellas personas que dicen hacer
las cosas bien.
Tarde 25 minutos escribiendo los
últimos tres párrafos, creo que este es el punto para dejar de escribir.
Y creo que así debería ser con muchas de las cosas de la vida: cuando
tardas demasiado en cosas simples y las piezas de tu rompecabezas
aumentan, es cuando debemos parar y ver en donde estamos parados...
domingo, 24 de marzo de 2013
jueves, 21 de marzo de 2013
Justa injusticia
"A menudo me
piden que describa la experiencia de criar a un niño con una
discapacidad, que intente ayudar a la gente que no han compartido esa
experiencia única a imaginar cómo se sentirían. Es así...
Cuando vas a tener un bebé es como planear unas vacaciones fabulosas en Italia. Compras un montón de guías y haces tus maravillosos planes. El Coliseo. El David de Miguel Ángel. Las góndolas de Venecia. Puede que aprendas algunas frases útiles en italiano. Es todo muy emocionante.
Después de meses de ansiosa anticipación, finalmente llega el día. Preparas tus maletas y allá vas. Varias horas más tarde el avión aterriza. La azafata viene y dice: "Bienvenido a Holanda".
- ¿Holanda? - dices -. ¿Cómo que Holanda? Yo me embarqué para Italia. Se supone que estoy en Italia. Toda mi vida he soñado con ir a Italia. Pero ha habido un cambio en la ruta de vuelo. Han aterrizado en Holanda y aquí se debe quedar.
Lo importante es que no te han llevado a ningún lugar horrible, asqueroso y sucio, lleno de pestilencia, hambruna y enfermedad. Simplemente es un sitio diferente.
Así que tienes que salir y comprarte nuevas guías. Y tienes que aprender una lengua completamente nueva. Y conocerás a un grupo entero de gente que nunca habrías conocido.
Simplemente es un sitio diferente. Camina a un ritmo más lento que Italia, es aparentemente menos impresionante que Italia. Pero cuando, después de haber estado un rato allí, contienes el aliento y miras alrededor, empiezas a notar que en Holanda hay molinos de viento. Holanda tiene tulipanes. Holanda tiene incluso Rembrandts.
Pero todo el mundo que conoces está muy ocupado yendo y viniendo de Italia y todos presumen muy alto de qué maravillosamente se lo han pasado en Italia. Y, durante el resto de tu vida, dirás "Sí, ahí era donde se suponía que yo iba. Eso es lo que había planeado."
Y ese dolor nunca, nunca, nunca, se irá, porque la pérdida de ese sueño es una pérdida muy importante.
Pero si te pasas la vida quejándote del hecho de que nunca llegaste a Italia, puede que nunca tengas libertad para disfrutar de las cosas, muy especiales, maravillosas, de Holanda."
Esta historia creada por la escritora anglosajona Emily Pearl Kingsley, además de ser brillante y emotiva, lleva consigo una moraleja que se puede aplicar a muchos aspectos de nuestros sentidos.
A partir de nuestros gustos, tenemos ciertas preferencias, ciertos sueños, anhelos. De ellos nos basamos como combustible para levantarnos día a día. La ilusión de nuestros sueños cumplidos es un placebo demasiado satisfactorio.
Sin embargo, a pesar de que nosotros tomamos las decisiones de nuestra vida, estas a veces no cumplen con nuestras añoranzas. Cuando queremos blanco el negro se impone y cuando queremos negro negociamos un gris que nos consuela a medias. ¿Es a eso a lo que nosotros llamamos injusticia? El hecho de que la vida no nos rebote lo que nuestro corazón y alma quiere no significa que estemos hablando de una situación injusta.
Así como nuestra mente nos juega trucos, debemos basarnos siempre en un gran dicho: "la única verdad es la realidad". Esa debe ser nuestra base, nuestro piso. Debemos luchar por nuestros sueños en la realidad que combatimos todos los minutos que respiramos.
Si seguimos comparando con la historia del comienzo, Holanda es nuestro punto de valoración. No sera lo que nosotros soñamos y deseamos, pero no quiere decir que nuestra vida sea un fracaso. Todo lo contrario, toma otra ruta, elige otra arista pero, a fin de cuentas, en el balance siempre vamos a tener una sonrisa.
Porque, si pensamos detenidamente, cada vez que nos entristecemos o nos sensibilizamos negativamente pensando en momentos o gente infortunada, siempre esta esa persona que nos saca una sonrisa. ¿Por qué seguir deseando piezas que no encajan en nuestro rompecabezas y no valoramos las que nos hacén demasiado bien?
Yo creo que lo que hay que evitar es la desesperación, nadie nace siendo una mente brillante, para todo existe su punto de maduración. Y a todos, más tarde que temprano, nos cae la ficha. Un dominó larguisimo pero que, una vez que desplazamos la primera ficha, una cae atrás de la otra.
Reconozco que es fácil escribir esto, reconozco que es fácil decir y mandar a hacer, entiendo que es difícil poner todos los engranajes en marcha. Los miedos siempre abundan, las indecisiones aún más. Pero si no damos el primer paso, aunque sea sin firmeza y dubitativamente, nunca llegaremos a conocer el premio que hay al finalizar la carrera...
Cuando vas a tener un bebé es como planear unas vacaciones fabulosas en Italia. Compras un montón de guías y haces tus maravillosos planes. El Coliseo. El David de Miguel Ángel. Las góndolas de Venecia. Puede que aprendas algunas frases útiles en italiano. Es todo muy emocionante.
Después de meses de ansiosa anticipación, finalmente llega el día. Preparas tus maletas y allá vas. Varias horas más tarde el avión aterriza. La azafata viene y dice: "Bienvenido a Holanda".
- ¿Holanda? - dices -. ¿Cómo que Holanda? Yo me embarqué para Italia. Se supone que estoy en Italia. Toda mi vida he soñado con ir a Italia. Pero ha habido un cambio en la ruta de vuelo. Han aterrizado en Holanda y aquí se debe quedar.
Lo importante es que no te han llevado a ningún lugar horrible, asqueroso y sucio, lleno de pestilencia, hambruna y enfermedad. Simplemente es un sitio diferente.
Así que tienes que salir y comprarte nuevas guías. Y tienes que aprender una lengua completamente nueva. Y conocerás a un grupo entero de gente que nunca habrías conocido.
Simplemente es un sitio diferente. Camina a un ritmo más lento que Italia, es aparentemente menos impresionante que Italia. Pero cuando, después de haber estado un rato allí, contienes el aliento y miras alrededor, empiezas a notar que en Holanda hay molinos de viento. Holanda tiene tulipanes. Holanda tiene incluso Rembrandts.
Pero todo el mundo que conoces está muy ocupado yendo y viniendo de Italia y todos presumen muy alto de qué maravillosamente se lo han pasado en Italia. Y, durante el resto de tu vida, dirás "Sí, ahí era donde se suponía que yo iba. Eso es lo que había planeado."
Y ese dolor nunca, nunca, nunca, se irá, porque la pérdida de ese sueño es una pérdida muy importante.
Pero si te pasas la vida quejándote del hecho de que nunca llegaste a Italia, puede que nunca tengas libertad para disfrutar de las cosas, muy especiales, maravillosas, de Holanda."
Esta historia creada por la escritora anglosajona Emily Pearl Kingsley, además de ser brillante y emotiva, lleva consigo una moraleja que se puede aplicar a muchos aspectos de nuestros sentidos.
A partir de nuestros gustos, tenemos ciertas preferencias, ciertos sueños, anhelos. De ellos nos basamos como combustible para levantarnos día a día. La ilusión de nuestros sueños cumplidos es un placebo demasiado satisfactorio.
Sin embargo, a pesar de que nosotros tomamos las decisiones de nuestra vida, estas a veces no cumplen con nuestras añoranzas. Cuando queremos blanco el negro se impone y cuando queremos negro negociamos un gris que nos consuela a medias. ¿Es a eso a lo que nosotros llamamos injusticia? El hecho de que la vida no nos rebote lo que nuestro corazón y alma quiere no significa que estemos hablando de una situación injusta.
Así como nuestra mente nos juega trucos, debemos basarnos siempre en un gran dicho: "la única verdad es la realidad". Esa debe ser nuestra base, nuestro piso. Debemos luchar por nuestros sueños en la realidad que combatimos todos los minutos que respiramos.
Si seguimos comparando con la historia del comienzo, Holanda es nuestro punto de valoración. No sera lo que nosotros soñamos y deseamos, pero no quiere decir que nuestra vida sea un fracaso. Todo lo contrario, toma otra ruta, elige otra arista pero, a fin de cuentas, en el balance siempre vamos a tener una sonrisa.
Porque, si pensamos detenidamente, cada vez que nos entristecemos o nos sensibilizamos negativamente pensando en momentos o gente infortunada, siempre esta esa persona que nos saca una sonrisa. ¿Por qué seguir deseando piezas que no encajan en nuestro rompecabezas y no valoramos las que nos hacén demasiado bien?
Yo creo que lo que hay que evitar es la desesperación, nadie nace siendo una mente brillante, para todo existe su punto de maduración. Y a todos, más tarde que temprano, nos cae la ficha. Un dominó larguisimo pero que, una vez que desplazamos la primera ficha, una cae atrás de la otra.
Reconozco que es fácil escribir esto, reconozco que es fácil decir y mandar a hacer, entiendo que es difícil poner todos los engranajes en marcha. Los miedos siempre abundan, las indecisiones aún más. Pero si no damos el primer paso, aunque sea sin firmeza y dubitativamente, nunca llegaremos a conocer el premio que hay al finalizar la carrera...
viernes, 15 de marzo de 2013
Mirar para atras es una obligación
"Volver la vista atrás es una cosa y marchar atrás, otra",
este pensamiento del poeta ingles Charles Colton no es sino una mera
introducción a lo que voy a desarrollar en breve aquí debajo de este
párrafo.
Me sucedió algo muy extraño hace un rato. En si, el hecho no lleva a ninguna connotación que derive su rareza, si no que fue mi actitud respecto a la situación.
La cuestión es simple y no lleva ninguna investigación supersticiosa: Vi algo que no me gusto. Pero aquí esta el detalle. Reacciones pasadas sobre el mismo tema me llevaban a una ira y una bronca generalizada, en donde la rabia se apoderaba de mi y mis impulsos caían sobres mis peores instantes.
Pero esta vez, la reacción fue distinta y mi cuerpo tomo nota de lo sucedido. No me alegro, pero tampoco me dolió. Fue unos breves instantes de congoja, ira, dolor y luego, mi mente ya tomaba cartas en otros asuntos.
Es raro en mi eso, porque los que me conocen saben lo "profundo y sentimental" que soy en muchos aspectos de mi vida. La respuesta era obvia y yo no la veía: existe el cambio.
Pero no ese cambio auto forzado por nosotros para tratar de superar malas rachas. Los verdaderos cambios llegan solos y cuando menos lo esperas.
Y creo que es fundamental en ese cambio recordar siempre el pasado. No voy a caer en el latiguillo "prohibido olvidar", porque no es un deber sino una obligación. Para evitar ser siempre los mismos necios debemos recordar las veces que sufrimos, reímos, brillamos y lloramos para hacer de eso un denominador común en el que nuestro presente no sea un capitulo repetido y tedioso.
Es raro también como el pasado suele ser un juego peligroso. Muchos quedamos atascados en él, muchos tratamos de vivir a través de él como si fuera real en el presente. Pero no lo es, es indiscutible, tarde o temprano todo cambia, a veces (muchas) por nuestra culpa y otras veces por terceros.
En el momento que repitan una situación que les pareció dolorosa en su momento y ahora pueden ser valientes y atravezarlas con entereza, se darán cuenta que habrán cambiado y avanzado más de un paso sin retroceder.
Como dijo el filósofo español Jorge Santayana: "Los que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo"...
Me sucedió algo muy extraño hace un rato. En si, el hecho no lleva a ninguna connotación que derive su rareza, si no que fue mi actitud respecto a la situación.
La cuestión es simple y no lleva ninguna investigación supersticiosa: Vi algo que no me gusto. Pero aquí esta el detalle. Reacciones pasadas sobre el mismo tema me llevaban a una ira y una bronca generalizada, en donde la rabia se apoderaba de mi y mis impulsos caían sobres mis peores instantes.
Pero esta vez, la reacción fue distinta y mi cuerpo tomo nota de lo sucedido. No me alegro, pero tampoco me dolió. Fue unos breves instantes de congoja, ira, dolor y luego, mi mente ya tomaba cartas en otros asuntos.
Es raro en mi eso, porque los que me conocen saben lo "profundo y sentimental" que soy en muchos aspectos de mi vida. La respuesta era obvia y yo no la veía: existe el cambio.
Pero no ese cambio auto forzado por nosotros para tratar de superar malas rachas. Los verdaderos cambios llegan solos y cuando menos lo esperas.
Y creo que es fundamental en ese cambio recordar siempre el pasado. No voy a caer en el latiguillo "prohibido olvidar", porque no es un deber sino una obligación. Para evitar ser siempre los mismos necios debemos recordar las veces que sufrimos, reímos, brillamos y lloramos para hacer de eso un denominador común en el que nuestro presente no sea un capitulo repetido y tedioso.
Es raro también como el pasado suele ser un juego peligroso. Muchos quedamos atascados en él, muchos tratamos de vivir a través de él como si fuera real en el presente. Pero no lo es, es indiscutible, tarde o temprano todo cambia, a veces (muchas) por nuestra culpa y otras veces por terceros.
En el momento que repitan una situación que les pareció dolorosa en su momento y ahora pueden ser valientes y atravezarlas con entereza, se darán cuenta que habrán cambiado y avanzado más de un paso sin retroceder.
Como dijo el filósofo español Jorge Santayana: "Los que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo"...
Las cosas solas no llegan...
Me gustaría que alguien me diga alguna vez, si es posible, que
nunca soñó o planifico como querría que fuese su vida. Es imposible
encontrar un individuo capaz de no anhelar ningún status de vida o ver
cumplir sus máximos deseos. Familia, trabajo, viajes, oportunidades,
éxito. Esas palabras entran en el común denominador de los tópicos
comunes de los sueños a aspirar.
Sin embargo, llega un punto en el que tarde o temprano te das cuenta que no vas a poder realizar con el 100 por ciento de nuestras expectativas. De chicos muchos soñamos con ser estrellas de fútbol, rockstars, actores de televisión, modelos, presidente. Luego los sueños se acortan a distancia: Un buen trabajo, terminar una carrera universitaria, conocer a alguien con quien compartir cosas. Más adelante cuando nuestra vida se está eclipsando solo queremos que nuestra travesía por la vida dure un poco más para tan solo revivir los sueños.
Estas primeras lineas aparecen en un tono negativo y desconciliador, pero el fin del mismo está lejos de ser tal y si leen un poco más puedan entender el por qué.
Una persona a la cual quiero mucho y que la considero una de las más importantes en mi vida, tiene una premisa muy interesante y, a pesar de tener un tono vulgar, he debatido con mi almohada si esas palabras tienen algo mas profundo en realidad. "Si querés que las cosas cambien, mové el culo", no la he reproducido creo en su perfección porque ya me he olvidado de las palabras exactas, pero el punto es el mismo.
Si nos ponemos a analizar brevemente, todos los sueños que son reales de cumplir son posibles de realizar también. Ser un crack del fútbol, una estrella de la música, un gran actor. Todo ese tipo de desvaríos son realizables si se le pone el empeño a eso. El problema radica quizás en que pensamos que esas oportunidades nos golpearan la puerta de nuestra casa. Y no es así eso...
Lo mismo sucede con lo que personalmente consideramos injusticias. El ser humano es un ser quejoso por naturaleza. Su principal talento es encontrarle el pelo al huevo, pero ¿que hacemos nosotros por dicha injusticia? ¿de que sirve criticar o quejarse por algo si no se decide hacer algo al respecto?, las cosas que hacemos por esas injusticias no se las lleva el viento, a las palabras si.
Quizás que todos luchemos por las injusticias sea utópico, pero acá estoy yo, quejandome a través de este medio para intentar "concientizar" a los que lean esto, para que tomemos una opcion de dos: que evitemos la queja o que movamos el culo para cambiar lo que nos molesta.
Se que, probablemente, no sea entendido este mensaje que escribo, pero aun así no pierdo la esperanza de que alguien me entienda lo que trato de escribir con tanto empeño a esta hora en donde debería estar haciendo cualquier otra cosa, menos escribir delirios...
Sin embargo, llega un punto en el que tarde o temprano te das cuenta que no vas a poder realizar con el 100 por ciento de nuestras expectativas. De chicos muchos soñamos con ser estrellas de fútbol, rockstars, actores de televisión, modelos, presidente. Luego los sueños se acortan a distancia: Un buen trabajo, terminar una carrera universitaria, conocer a alguien con quien compartir cosas. Más adelante cuando nuestra vida se está eclipsando solo queremos que nuestra travesía por la vida dure un poco más para tan solo revivir los sueños.
Estas primeras lineas aparecen en un tono negativo y desconciliador, pero el fin del mismo está lejos de ser tal y si leen un poco más puedan entender el por qué.
Una persona a la cual quiero mucho y que la considero una de las más importantes en mi vida, tiene una premisa muy interesante y, a pesar de tener un tono vulgar, he debatido con mi almohada si esas palabras tienen algo mas profundo en realidad. "Si querés que las cosas cambien, mové el culo", no la he reproducido creo en su perfección porque ya me he olvidado de las palabras exactas, pero el punto es el mismo.
Si nos ponemos a analizar brevemente, todos los sueños que son reales de cumplir son posibles de realizar también. Ser un crack del fútbol, una estrella de la música, un gran actor. Todo ese tipo de desvaríos son realizables si se le pone el empeño a eso. El problema radica quizás en que pensamos que esas oportunidades nos golpearan la puerta de nuestra casa. Y no es así eso...
Lo mismo sucede con lo que personalmente consideramos injusticias. El ser humano es un ser quejoso por naturaleza. Su principal talento es encontrarle el pelo al huevo, pero ¿que hacemos nosotros por dicha injusticia? ¿de que sirve criticar o quejarse por algo si no se decide hacer algo al respecto?, las cosas que hacemos por esas injusticias no se las lleva el viento, a las palabras si.
Quizás que todos luchemos por las injusticias sea utópico, pero acá estoy yo, quejandome a través de este medio para intentar "concientizar" a los que lean esto, para que tomemos una opcion de dos: que evitemos la queja o que movamos el culo para cambiar lo que nos molesta.
Se que, probablemente, no sea entendido este mensaje que escribo, pero aun así no pierdo la esperanza de que alguien me entienda lo que trato de escribir con tanto empeño a esta hora en donde debería estar haciendo cualquier otra cosa, menos escribir delirios...
domingo, 10 de marzo de 2013
Un sistema que no quiere colapsar...
Siglo XXI, capitalismo excesivo. Vivimos en una época en el que, directa o indirectamente estamos ligados a lo material. En cierta parte, no es algo malo, debido a que nos permite vivir y subsistir. El punto esta cuando nuestras vidas dependen específicamente de ese aspecto.
Le perdemos valor a las cosas importantes que dan sentido a que nuestro corazón siga latiendo, y priorizamos tener el mejor auto, el mejor trabajo, el mejor celular, la mejor ropa. Quizás las nuevas generaciones no sean responsables, es una herencia que viene de varios escalones por encima de su árbol genealógico.
¿Está todo perdido? No lo creo. No es momento para ser fatalistas. No todo el mundo corre con esa desventaja de estar atrofiado por cosas que no importan, que pueden ser necesarias para determinado fin, pero que no son vitales.
No Surprises, canción de Radiohead, explica en pocas estrofas metáforas esa necesidad de realizar ese cambio, abandonando la premisa de "vivir para trabajar" por "trabajar para vivir"; a su vez, nos trata de explicar que este modo de vida que adoptamos nos hace más fríos, marchitando nuestros sentimientos con el objetivo de tener un "falso" bienestar".
Ese "sistema" que nos mantiene atrapados y atado bajo sus reglas. Nosotros deberíamos poder manejarlo y no que la situación sea al revés. Esta rueda es invisible pero miles, o más bien millones de personas, están atadas a una rueda la cual nosotros hacemos girar, pero que también podemos hacer detener.
No creo que exista la total liberación, esa independencia utópica de creernos por fuera del sistema. Siempre vamos a estar ligados a él, ya sea por un medio o por otro. Pero considero que eso no es lo importante; la clave esta, en valorar las cosas verdaderas, las que llenan nuestra alma, las que nos impulsan a seguir. En esta vida tan fugaz, lo material va y viene, pero los sentimientos permanecen toda una eternidad...
Le perdemos valor a las cosas importantes que dan sentido a que nuestro corazón siga latiendo, y priorizamos tener el mejor auto, el mejor trabajo, el mejor celular, la mejor ropa. Quizás las nuevas generaciones no sean responsables, es una herencia que viene de varios escalones por encima de su árbol genealógico.
¿Está todo perdido? No lo creo. No es momento para ser fatalistas. No todo el mundo corre con esa desventaja de estar atrofiado por cosas que no importan, que pueden ser necesarias para determinado fin, pero que no son vitales.
No Surprises, canción de Radiohead, explica en pocas estrofas metáforas esa necesidad de realizar ese cambio, abandonando la premisa de "vivir para trabajar" por "trabajar para vivir"; a su vez, nos trata de explicar que este modo de vida que adoptamos nos hace más fríos, marchitando nuestros sentimientos con el objetivo de tener un "falso" bienestar".
Ese "sistema" que nos mantiene atrapados y atado bajo sus reglas. Nosotros deberíamos poder manejarlo y no que la situación sea al revés. Esta rueda es invisible pero miles, o más bien millones de personas, están atadas a una rueda la cual nosotros hacemos girar, pero que también podemos hacer detener.
No creo que exista la total liberación, esa independencia utópica de creernos por fuera del sistema. Siempre vamos a estar ligados a él, ya sea por un medio o por otro. Pero considero que eso no es lo importante; la clave esta, en valorar las cosas verdaderas, las que llenan nuestra alma, las que nos impulsan a seguir. En esta vida tan fugaz, lo material va y viene, pero los sentimientos permanecen toda una eternidad...
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