No tengo nada por lo qué escribir hoy, no se me cae una idea, mi cabeza quizás no esta lo suficiente predispuesta para ayudarme a barajar sensaciones. Aun así, aquí estoy, sentado en el sillón con un café a mi diestra. Porque se transformo en una necesidad, escribir permite descargarte, volcar todo lo que tenés en la cabeza.
Escribir no se trata de redactar palabras bellas y frases trilladas para que todo tenga un significado. No todo tiene que tener uno. ¿Las cosas no pueden simplemente ser, sin preguntar un por qué? ¿No puedo divagar y poner cualquier cosa que se me ocurra?
Quizás mi falta de inspiración tenga una razón, pero no logro descubrirla. Tengo la mente sobre cargada y por momentos lo único que busco es desconectarme de todo y de todos.
Mi curiosidad siempre fue más fuerte que todo, trate de buscarle el sentido a todo, razonando, con lógica. Pero descubrí que la lógica no es algo que se pueda aplicar a los humanos, un ser tan impredecible que no busca que lo entiendan, si no que lo dejen ser. Se mueve a base de caprichos y deseos y eso no se puede manejar. Y el miedo a no poder manejar las cosas que no pertenecen a uno mismo hace que nos equivoquemos, con una simpleza digna de elogiar.
Leo esto y no tiene ningún sentido, no empecé ni llegue a nada. Pero aun así, mi cabeza se descomprimió por unos minutos, entonces el objetivo se cumplió...