sábado, 22 de febrero de 2014

Sábado por la tarde

No tengo nada por lo qué escribir hoy, no se me cae una idea, mi cabeza quizás no esta lo suficiente predispuesta para ayudarme a barajar sensaciones. Aun así, aquí estoy, sentado en el sillón con un café a mi diestra. Porque se transformo en una necesidad, escribir permite descargarte, volcar todo lo que tenés en la cabeza.
   Escribir no se trata de redactar palabras bellas y frases trilladas para que todo tenga un significado. No todo tiene que tener uno. ¿Las cosas no pueden simplemente ser, sin preguntar un por qué? ¿No puedo divagar y poner cualquier cosa que se me ocurra?
  Quizás mi falta de inspiración tenga una razón, pero no logro descubrirla. Tengo la mente sobre cargada y por momentos lo único que busco es desconectarme de todo y de todos.
  Mi curiosidad siempre fue más fuerte que todo, trate de buscarle el sentido a todo, razonando, con lógica. Pero descubrí que la lógica no es algo que se pueda aplicar a los humanos, un ser tan impredecible que no busca que lo entiendan, si no que lo dejen ser. Se mueve a base de caprichos y deseos y eso no se puede manejar. Y el miedo a no poder manejar las cosas que no pertenecen a uno mismo hace que nos equivoquemos, con una simpleza digna de elogiar.
  Leo esto y no tiene ningún sentido, no empecé ni llegue a nada. Pero aun así, mi cabeza se descomprimió por unos minutos, entonces el objetivo se cumplió...