miércoles, 28 de mayo de 2014

La luz apagada me ayuda a pensar, a descomprimir. Tengo tantas cosas en la cabeza que el flujo se ve constipado de la presión que ejercen mis pensamientos. La música ayuda, como siempre, ese motor auditivo que me mantiene como una montaña rusa, nivelando por todas las variables y emociones existentes.
  Llega un momento en que no se lo que estoy pensando. Mi cuerpo ya no quiere pensar más, no quiere hacerse más preguntas sobre repreguntas. No quiero preguntas y tampoco quiero respuestas. Necesito sentir, en todas las variables de la vida. Me siento feliz y a la vez vacío. Siento piedras en el camino, cosas que no me cierran.
  La desconfianza es una sombra siempre presente, el miedo a sufrir, el miedo a perder. Yo ya no quiero perder. Me siento con la chapa de ganador pero sin premio.
  Son pocos los momentos donde me siento vivo, completo. Donde la rutina no existe y los placeres son contados. 
  Me siento en el balcón a seguir escribiendo. Percibo al frió calar por mis huesos y me reanima. No es agobiante como la sofocación del calor. Tiene la crueldad necesaria para mantenernos alerta de lo que nos atormenta.
  Cuando cierro los ojos percibo lo que quiero, en fugases imágenes que parecen aclararse mientras más me concentro. Sin embargo, no puedo vivir en la ceguera de mis caprichos y deseos, debo ser fuerte para lo que pueda suceder, para bien o para mal.
  Mis inseguridades desaparecen, cuando me refugio en un abrazo.
 No puedo preocuparme por un futuro que desconozco y un pasado que se aleja de mi a cada paso que doy. Siento que puedo volar cuando dejo que los malos pensamientos se alejen de mi...

"Y aunque no siempre he entendido mis culpas y mis fracasos, en cambio se que en tus brazos el mundo tiene sentido..."

domingo, 11 de mayo de 2014

Planeamos y planeamos, queriendo tener todo seguro pero amamos el sabor del azar, la excitación de lo impredecible. Nada sale a la perfección porque lo perfecto no existe, es solo una palabra inventada por humanos para simular parecerse a un dios. Y los dioses, en muchos casos, crean la imagen de divina perfección, la cual nosotros adulamos adorar.
  Lo inaccesible nos atrae, el poder manejar lo que nos maneja es una deseo enorme, es por eso que siempre queremos lo que no tenemos. Lo conquistado nos aburre, queremos conquistar con nuestra bandera otros horizontes. Ese siempre ha sido el capricho de los hombres por excelencia, en cada una de las comparaciones que queramos hacer. Desde grandes conquistadores de todas las eras hasta los reclamos de un infante por poseer lo desconocido.
  Avertunarnos ha estado en los genes desde siempre, pero también suceden ocasiones en donde requerimos el afecto de lo conocido, de lo que sabemos que nos hace bien. Retornar a lo incondicional, donde descansamos de los peligros y nos sentimos comodos, reconfortados. 



Salgamos a conquistar el mundo, pero nunca nos olvidemos de lo que nos hace realmente bien

domingo, 4 de mayo de 2014

Truncado

Estancarse y no poder seguir adelante, ni poder volver atrás. A veces nos introducimos en esa especie de bache que debilita la mente y disminuye el espíritu.
   Los objetivos y metas se ven distantes y tanto pensar en ello nos sofoca la cabeza. Comprender que nuestra visión difiere de la real, de la verdad supuesta nos trunca. A su vez, es complicado levantar la cabeza y mirar otros horizontes, cuando en todo momento el deseo de dicho cambio es nulo.
  Pero los verdaderos cambios son aquellos que no se fuerzan, ese dichoso "clic" que la cabeza se da el lujo de hacer cuando quiere transformar su capricho en realidad.
  La frustración es un pensamiento nefasto, pero es tan real como el éxito mismo de nuestros deseos. Siempre será así, siempre habrá un Cielo y un Infierno. Y solo si recorremos ambos senderos podremos tener una mayor certeza de las cosas.
 Quizás ahora me siento más estancado que nunca, pero no me hago las mismas preguntas de siempre, no trato de buscar explicaciones del detalle más ínfimo. Comprendí que todas las respuestas no están en el Cielo, que la luz no es la única guía, que quizás solo me de un escape menos agónico, pero aún así; yo no deseo escapar sino sobrevivir.



Dejo de buscar solo para ser encontrado, dejo de anhelar solo para vivir, dejo de dudar pero no quiero elegir, dejo de sentir solo para sobrevivir.

No busco estar más estancado. Solo debo levantar el ancla y estar a la deriva por un tiempo